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Alejandro Domínguez Rodríguez, Universidad Internacional de Valencia

Antes de responder al titular de este artículo es importante que respondamos tres preguntas:

  • ¿Disfrutamos cuando estamos al límite de una fecha de entrega?

  • ¿Nos gusta trabajar en distintos proyectos, aunque sepamos que muy posiblemente no podremos conseguir las metas?

  • ¿Solemos poner el trabajo por encima de nuestra salud por las recompensas que ofrece?

Si la respuesta a estas preguntas es afirmativa, posiblemente estemos enganchados o enganchadas al estrés.

Sin embargo, sería pronto para decidirlo, pues en el proceso de adicción juegan un papel importante diferentes factores biológicos, cómo nuestra genética, nuestro historial de salud y factores ambientales, entre otros.

También interviene nuestro círculo social. Por ejemplo, si otras personas cercanas se estresan igual que nosotros y hablamos habitualmente del estrés que nos supone el trabajo.

El impacto del estrés en nuestra salud

Entre las afectaciones del estrés prolongado destacan las cardiacas, los daños en el sistema inmunitario o el envejecimiento prematuro, entre otras.

Además, es ampliamente recomendado reducir el estrés para mejorar la calidad de vida percibida, las relaciones familiares y de pareja y, en general, para fortalecer el sistema inmunitario.

Con todo esto sobre la mesa, ¿por qué nos podemos enganchar a algo tan dañino para la salud? Para conocer una parte de la respuesta a esta pregunta tenemos que mirar a la biología humana.

Cortisol y estrés

Cuando hablamos de estrés es inevitable hablar del cortisol, comúnmente conocido como la hormona del estrés. La producción del cortisol se desencadena por la activación inducida por el estrés del hipotálamo-pituitario-adrenal.

Esta hormona tiene como objetivo ayudarnos a combatir o escapar de algunas situaciones, como cuando un coche está a punto de atropellarnos o algo está a punto de caer sobre nosotros.

Diversos estudios han analizado la respuesta del cortisol en tareas controladas para ver cómo se va manifestando en el cuerpo durante situaciones de estrés.

Una de las pruebas más utilizadas es la Trier Social Stress Test, en la que se somete a estrés en el laboratorio a distintos sujetos con diferentes evaluaciones. Por ejemplo, se les pide que preparen un discurso con anotaciones en un papel y, momentos antes de la presentación, frente a un público con expresiones faciales neutras, con dos cámaras grabando y sin previa notificación, se les retira el papel.

En esta prueba se toman diversas mediciones, principalmente a través de la saliva, y se puede ver con facilidad cómo los niveles de cortisol se incrementan a medida que la prueba aumenta su complejidad.

Tomando esta prueba cómo ejemplo, podemos imaginar que a medida que estamos más estresados, nuestro sistema nervioso libera más cortisol en el cuerpo.

Cortisol y adicciones

Pero, ¿por qué para algunas personas es normal tanto cortisol? Nos hacemos esta pregunta dado que hay evidencias que afirman que los periodos prolongados de alto cortisol nos ponen en riesgo de padecer ansiedad, depresión, problemas digestivos, dolores de cabeza, aumento de peso, afectaciones en la memoria y la concentración, cambios en la piel, entre otros problemas.

En parte, la respuesta a esta pregunta se encuentra en el rol que juega el cortisol en el proceso de las adicciones a ciertas sustancias, como la cocaína, el alcohol, la nicotina, y a comportamientos como la adicción a apostar.

Por ejemplo, se ha observado que el tabaquismo está asociado de forma aguda con niveles elevados de cortisol. Asimismo, el abandono del hábito de fumar está acompañado de una disminución abrupta del cortisol en la saliva.

Por otro lado, tener niveles de cortisol bajos también puede ser un problema. Por ejemplo, un estudio evaluó los niveles de cortisol en la saliva de jugadores recreativos y jugadores patológicos, antes y después de ver vídeos de juegos de apuestas y un vídeo de estímulos neutrales (una montaña rusa).

Antes de los estímulos, los niveles de cortisol en ambos grupos eran similares. Sin embargo, después de ver los vídeos, los jugadores recreativos aumentaron su nivel de cortisol, mientras que los jugadores patológicos no tuvieron aumento ninguno. Los investigadores concluyeron que estos datos pueden indicar una respuesta hipoactiva (reducida) del eje hipotalámico pituitario.

La investigación sobre el cortisol es un campo muy interesante, pero aún falta por ser explorado mucho más y poder confirmar su impacto.

Cómo acabar con el enganche al estrés

Aunque trillado, pero necesario, el primer paso es darnos cuenta de que estamos enganchados o enganchadas a sentir estrés constantemente. Es necesario aprender a identificar el impacto que está teniendo el estrés en nuestra salud física y mental. Y, sobre todo, reemplazar estos hábitos dañinos por otros más sanos.

Por ejemplo, se ha observado que la realización de actividad física modera la rumia inducida por el estrés sobre la reactividad del cortisol. También existe amplia evidencia de que esta actividad puede amortiguar los efectos negativos del estrés.

La alimentación sana también puede ayudar a reducir el desequilibrio endocrino apoyándose en una calidad de nutrición adecuada para cada persona.

Por último, el sueño también juega un papel muy importante en la regulación del cortisol. Se ha observado que la privación del sueño y la desalineación circadiana (interrupción del ‘reloj biológico’) tienen efectos opuestos sobre el cortisol. Además, la privación total aguda del sueño aumenta aún más los niveles.

Incluso existe evidencia de una posible asociación entre el sueño, la regulación del cortisol y la dieta y sus posibles implicaciones para el riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer.

Los ritmos de vida actuales son notablemente estresantes, más ahora con la pandemia en el centro de nuestro día a día. Además, tendemos a dedicar más tiempo al trabajo para dar buena imagen, aunque sea desde casa. Incluso es posible que nos intentemos enfocar más en estas tareas para distraer nuestra mente de los problemas.

Esto no significa que debamos poner en riesgo nuestra salud. No debemos dejar de cuidarnos y tenemos que procurar mantener nuestro bienestar.

El cortisol no es un enemigo. De hecho, es necesario para mantener un estado de salud óptimo. Pero tanto los niveles muy bajos como los muy altos pueden tener consecuencias negativas en nuestra salud. Es necesario utilizar esta hormona como un aliado y no que dicha hormona nos utilice a nosotros.The Conversation

Alejandro Domínguez Rodríguez, External professor, Universidad Internacional de Valencia

This article is republished from The Conversation under a Creative Commons license. Read the original article.

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