Sandra Jiménez Jiménez del Barrio, Universidad de Valladolid; Ignacio Hernando Garijo, Universidad de Valladolid; Luis Ceballos Laita, Universidad de Valladolid; María Teresa Mingo Gómez, Universidad de Valladolid y Ricardo Medrano de la Fuente, Universidad de Valladolid

Las personas con fibromialgia conviven diariamente con síntomas como el dolor corporal, la fatiga, la dificultad para el descanso, el entumecimiento matutino o la ansiedad.

La fibromialgia es una afección crónica que no fue reconocida como entidad clínica por la Organización Mundial de la Salud hasta 1992.

No mucho tiempo atrás, generaba una sensación de incomprensión en los pacientes, en los profesionales sanitarios y en la sociedad. Sucedía esto porque las autoridades sanitarias comenzaban a considerarla pero no se habían encontrado alteraciones biológicas objetivables que permitieran su diagnóstico.

Hoy en día, la padecen aproximadamente 3 de cada 100 personas en el mundo y su tasa de incidencia aumenta anualmente.

Por eso, actualmente asistimos a un creciente proceso de investigación en torno a esta afección. El objetivo es conocer las posibles causas de su desarrollo. Además, los profesionales sanitarios buscan también encontrar tratamientos más efectivos para controlar los síntomas.

Posibles causas de la fibromialgia

Aunque las causas de la fibromialgia no son del todo conocidas, la teoría más aceptada por los expertos apunta a una sensibilización del sistema nervioso central. Esta surge a través de fenómenos de plasticidad neuronal y genera una respuesta al dolor amplificada. Además, estos fenómenos parecen verse modificados por factores emocionales.

A propósito de este último apunte, hay que recordar que la pandemia que vivimos actualmente ha desatado algunas de nuestras emociones en su estado más extremo. Así, diversas investigaciones indican que los síntomas de ansiedad, depresión y estrés se han incrementado en la población.

Para los pacientes con fibromialgia, estas situaciones estresantes, las preocupaciones, la depresión o la ansiedad (derivados de la pandemia) podrían reforzar los procesos centrales que parecen subyacer a esta enfermedad. Esta situación podría contribuir a un aumento de la percepción del dolor y síntomas acentuados.

Fibromialgia en el contexto de la pandemia

No existe un tratamiento definitivo para acabar con los síntomas de esta afección. Sin embargo, el ejercicio terapéutico se considera una de las bases del tratamiento de los pacientes con fibromialgia.

Así, los programas de ejercicio adaptados al paciente y monitorizados por profesionales de la salud han mostrado muchos beneficios. Especialmente, en la intensidad del dolor, la función física y el estado psicológico de los pacientes.

La mayoría de estas terapias implican un contacto presencial entre el profesional sanitario y el paciente. Esta forma de trabajar facilita la monitorización de los ejercicios por parte del profesional. Además, motiva a los pacientes con menos fuerza de voluntad para que sean constantes y cumplan el programa estipulado.

Sin embargo, una vez instaurada la pandemia mundial y el confinamiento domiciliario, se dificultó la aplicación de este tipo de terapias, se tornaron inviables y debieron ser reformuladas.

Telerrehabilitación para pacientes con fibromialgia

Interrumpir las terapias básicas para los pacientes con fibromialgia conlleva un riesgo y un probable impacto negativo sobre sus síntomas. Por eso, la situación ha puesto sobre la mesa la posibilidad de sustituir el enfoque rehabilitador tradicional por el uso de tecnologías de telecomunicación. Esto es lo que se conoce como telerrehabilitación.

En este contexto, varios investigadores de la Facultad de Ciencias de la Salud de Soria, de la Universidad de Valladolid y del Hospital Clínico Santa Bárbara de Soria llevamos a cabo un ensayo clínico aleatorizado mediante el uso de la telerrehabilitación. Estudiamos los efectos de un programa de ejercicio terapéutico durante el estado de alarma decretado entre el 14 de marzo y el 21 de junio de 2020.

En este ensayo, los participantes del grupo experimental realizaron dos sesiones semanales de 50 minutos de ejercicio terapéutico. El programa se ejecutó durante las 15 semanas que se prolongó el estado de alarma.

Comprendía ejercicios de movilidad articular, estiramientos dinámicos y una parte central predominante de ejercicios aeróbicos. En ellos, los participantes realizaban movimientos rítmicos que implicaban grandes grupos musculares.

Además, se entregó a cada paciente una guía en vídeo, donde tenían disponibles diferentes intensidades de ejercicio. La intensidad y la velocidad de estos se adaptaron a cada paciente en función de la puntuación obtenida en una escala de esfuerzo percibido.

Asimismo, mediante videollamadas, los investigadores mantuvimos contacto semanal con los participantes del estudio. De esta forma, intercambiamos experiencias acerca de las sesiones previas realizadas y ajustamos los ejercicios de cara a las siguientes sesiones.

Una alternativa para el futuro de la fibromialgia

Los resultados indicaron que esta alternativa redujo la intensidad de las dolencias, la sensibilidad mecánica al dolor, el nivel de ansiedad y de depresión en los pacientes. Además, es una alternativa económica y sin riesgo de contagio vírico, y los pacientes mostraron buena adherencia al tratamiento.

Todo ello sugiere que las estrategias de telerrehabilitación pueden resultar una estrategia válida y beneficiosa para la implementación de diversas terapias en pacientes con esta afección.

En definitiva, estos programas permiten el tratamiento de grupos de pacientes sin la necesidad de disponer de espacios físicos adaptados. Por eso, el uso de estas estrategias de telerrehabilitación podría implementarse de forma regular en el ámbito sanitario, más allá de su empleo durante un periodo excepcional.The Conversation

Sandra Jiménez Jiménez del Barrio, Fisioterapia, Universidad de Valladolid; Ignacio Hernando Garijo, Fisioterapeuta y profesor en la Facultad de Ciencias de la Salud de Soria, Universidad de Valladolid; Luis Ceballos Laita, Profesor Contratado Doctor, Universidad de Valladolid; María Teresa Mingo Gómez, Fisioterapeuta, Doctor, Universidad de Valladolid y Ricardo Medrano de la Fuente, Fisioterapeuta y profesor Facultad Ciencias de la Salud de Soria, Universidad de Valladolid

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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